Dios Prisionero (Himno al Corpus de la Villa de Mazo)
Pan de los ángeles
dado a los hombres,
cielo en la tierra,
beso de eternidad .
Misterio magno,
amor extremo.
Enmudecen los cielos
ante esta tu oblación.
Dios Prisionero
de nuestros sagrarios
hoy recorre las calles
mendigando nuestro amor.
A Quien el Universo
no puede contener
se ha hecho pan
para que cenemos
con El.
Moisés hizo un arca
Salomón un templo
David loco de amor
danzaba ante El
Dios Prisionero
de nuestros sagrarios
hoy recorre las calles
mendigando nuestro amor.
Las alfombras del Corpus
se alzan en arcos
para venerar en Mazo.
al Rey de la creación.
Bajo la tenue apariencia del pan
Alma, cuerpo y divinidad
Te saludo Cordero de Dios
a Quien acojo en mi corazón.
Tu cuerpo es arca
tu alma templo
que ha de acoger
al Hijo único de Dios.
Dios Prisionero
de nuestros sagrarios
hoy recorre las calles
mendigando nuestro amor.
Las alfombras del Corpus
se alzan en arcos
para venerar en Mazo.
al Rey de la creación.
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Para quienes no comparten la fe, puede parecer inverosímil que los cristianos crean que Jesús está verdaderamente presente en un pedazo de pan consagrado. Sin embargo, esa es precisamente la esencia del misterio de la Eucaristía: no se trata de un símbolo, sino de una presencia viva. Según la fe católica, Jesús, el Hijo de Dios, quiso quedarse entre nosotros de la forma más humilde, silenciosa y cercana: oculto en la fragilidad de un pan que se convierte en su Cuerpo. En cada Sagrario del mundo, los creyentes reconocen a Cristo vivo, como un Dios que se deja “encerrar” por amor, esperando, acompañando, consolando… siendo prisionero voluntario de los hombres para no dejar nunca sola a la humanidad. Es el amor llevado al extremo: el Todopoderoso hecho pequeño, por ti.

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