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lunes, 14 de julio de 2025

El amor de un pueblo por su Madre

 

Hay amores que no caben en definiciones. Hay fidelidades que no se comprenden desde fuera porque no nacen de un razonamiento, sino de la raíz. Así es el vínculo entre el pueblo de La Palma y su Madre, la Virgen de las Nieves. No es devoción en el sentido habitual. Es herida dulce, es pertenencia, es la certeza invencible de que Ella está y ha estado siempre. En la sombra del barranco, en la flor del retablo, en la lágrima que no se nombra y en la alegría que no se explica.

Cada cinco años —o cada eternidad de espera— la isla se convierte en templo. Todo se transforma: la piedra se hace altar, la danza se vuelve oración, el canto se hace clamor contenido. La Bajada Lustral no es una fiesta: es una epifanía popular, una teofanía doméstica donde Dios se asoma a través de los ojos de su Madre y toca con ternura el corazón de su pueblo.

Los hombres y mujeres de La Palma no la veneran como un símbolo abstracto. La Virgen es una presencia concreta: una figura que ha velado sobre generaciones de partos, de cosechas, de silencios y de guerras. Cuando la Sagrada Imagen desciende por los antiguos caminos reales, no es un traslado: es un regreso. Un volver a los brazos de quien nunca se fue. Y los cuerpos se agolpan, los pañuelos ondean, los balcones lloran, y toda la isla —toda— se postra con la dignidad de quien sabe que lo que llega no es una talla, sino una memoria viva.

En su sillón de viaje, la Virgen no baja sola: con Ella bajan las promesas cumplidas, los hijos que regresan, las cartas que nunca se enviaron, las súplicas secretas. Cada paso es una página escrita con pies descalzos, con música que no desafina porque nace del alma. Cada encuentro es una comunión sin necesidad de misa. Basta con mirarla. Basta con saberla cerca.

El pueblo palmero no necesita explicar su amor por la Virgen. Lo canta con los Enanos, lo danza con los Acróbatas, lo borda en papel con las Pandorgas, lo entona con voces de niños y ancianos. Pero más allá de las formas —que cambian, evolucionan, renacen— lo que permanece es el fuego, esa llama mansa que no abrasa, pero tampoco se apaga. Porque la Virgen es para La Palma como el mar: siempre la misma, siempre distinta, siempre infinita.

Cuando la imagen cruza la Plaza de España y las campanas rompen la tarde, hay un instante donde el mundo parece detenerse. No hay móviles, no hay urgencias, no hay dudas. Solo un pueblo de pie, con el alma desnuda, diciendo con sus ojos lo que la boca no se atreve: “Madre, no tardes tanto”.

Y entonces uno comprende que hay territorios donde el amor no se predica: se celebra. Que hay pueblos que no profesan su fe: la encarnan. Que hay Vírgenes que no son figuras: son hogar.

En La Palma, cada cinco años —y todos los días— la Virgen de las Nieves no baja.
Desciende el cielo.

Un retablo para la Virgen

El corazón de La Palma fue testigo de una doble ofrenda, tejida con manos de artistas: junto a la ermita, el compositor palmero Juan Cavallé regaló dos gestos memorables que han quedado inscritos en la memoria íntima de esta Bajada.

El primero fue un prodigio visual: una réplica del retablo mayor de la iglesia de Tijarafe, datado en 1628 y obra del maestro Antonio de Orbarán, se alzó en ese rincón sagrado como si el tiempo se plegara a los afectos. Esta arquitectura efímera fue concebida en estrecha colaboración con Luis Morera, cuya sensibilidad plástica se entrelazó con la visión musical de Cavallé para crear no solo un decorado, sino un auténtico acto de amor a la tradición insular.

Pero la verdadera elevación del espíritu llegó con el segundo obsequio: una nueva Loa de Salutación a Nuestra Señora, compuesta por el propio Juan Cavallé como un cántico de bienvenida cargado de esperanza y gratitud. Esta obra se convirtió en un hito sonoro dentro de la programación, al ser interpretada por la Orquesta Sinfónica Insular de La Palma, nacida en el seno fecundo de la Escuela Insular de Música, institución dirigida por María Goreti, verdadera artífice del florecimiento musical de la isla.

En el podio, con la elegancia de quien entiende que dirigir también es orar, Pepetoni Tamarit guió la ejecución de la Loa como si esculpiera el silencio, haciendo que cada nota rozara el alma de los presentes. 

Porque en esta isla donde lo sagrado se baila, se canta y se esculpe, también se ofrece en forma de música para honrar a la Señora de las Nieves que desciende entre su pueblo.



Colaboradores del retablo:

- Juan, escenografia.

- Jesús Cavallé, escultor y pintor,.

- Nathan Teusch, ensamblaje restauración y arreglo floral.

- Luis Morera, pintura.

 Artistas, cada uno en su especialidad, sin los que este sueño no hubiera podido hacerse realidad. 

LXX BAJADA DE LA VIRGEN DE LAS NIEVES

 
Tras una década de espera, el reencuentro con la Virgen de las Nieves colmó de fervor, belleza y esperanza las calles de Santa Cruz de La Palma. Bajo el lema «María, peregrina de esperanza», el pasado sábado 12 y domingo 13 de julio se celebraron los actos centrales de la Bajada, con una participación multitudinaria y profundamente emotiva.

El sábado por la tarde, el Real Santuario Insular acogió a centenares de peregrinos que asistieron a la Eucaristía presidida por el obispo, monseñor Eloy Santiago, en una ceremonia acompañada por la música tradicional de la Agrupación Folklórica Arrieros. Finalizada la celebración, dio comienzo la procesión de Bajada de la imagen en su histórico Sillón de Viaje, recorriendo los antiguos caminos reales de la Cruz del Fraile, El Planto y La Encarnación.

Uno de los momentos más emotivos de la tarde se vivió en la plaza de El Planto, donde la escritora y Premio Canarias de Literatura, Elsa López, recitó un poema escrito para la ocasión, un canto íntimo y palmero a la Virgen. A partir de ese punto, se incorporó a la comitiva la Banda Municipal de Música San Miguel, dirigida por José Gabriel Rodríguez, con la colaboración de Diego Arrocha.

El momento culminante de la jornada llegó a las 20:30 h., cuando la imagen de la Patrona fue recibida oficialmente en la Plaza de la Encarnación por el obispo, miembros del clero y representantes de las distintas instituciones. El alcalde de Santa Cruz de La Palma, Asier Antona, dirigió unas palabras de saludo, seguidas por una alocución vibrante del arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz. El párroco de La Encarnación, José Anselmo Pérez, fue el encargado de presentar a los intervinientes.

A continuación, tuvo lugar el estreno absoluto de la Loa de Salutación “Regocíjate”, con letra y música del compositor palmero Juan Cavallé, interpretada por la Orquesta y el Coro Infantil y Juvenil de la Escuela Insular de Música, bajo la dirección de Pepetoni Tamarit. La dirección coral estuvo a cargo de Milagros Martín. El escenario fue un retablo efímero, inspirado en la parroquia de Nuestra Señora de Candelaria de Tijarafe, creado por Juan Cavallé Cruz y Luis Morera, con la colaboración del ayuntamiento de Tijarafe.

Ya entrada la noche, en el templo de La Encarnación, se celebró la Eucaristía de bienvenida, presidida por el consultor del Dicasterio para las Iglesias Orientales, Salvador Aguilera, con música del coro parroquial de San José. El templo permaneció abierto hasta medianoche para acoger a los fieles.

La jornada dominical comenzó con la tradicional “entrada triunfal de la Virgen en la ciudad”. A las 7:30 h., se celebró la Santa Misa en la parroquia de La Encarnación, presidida por José Anselmo Pérez y cantada por el coro parroquial de Calcinas. Paralelamente, desde las casas consistoriales partió la procesión cívica del Pendón Real de Santa Cruz de La Palma.

A las 8:30 h., el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, asumió el papel de representante del Rey y encabezó el recibimiento oficial a la Virgen. La imagen fue conducida en procesión por el itinerario tradicional, y en su paso por el barranco de las Nieves, se representó el simbólico diálogo entre el Castillo y la Nave, obra del poeta Antonio Rodríguez.

En torno a las 11:15 h., se interpretó la Loa de Recibimiento en la Plaza de España, a cargo del coro oficial de la Bajada, en un ambiente marcado por el silencio devoto y la emoción colectiva. Seguidamente, en la iglesia de El Salvador, se celebró la Eucaristía pontifical, presidida nuevamente por el arzobispo José Ángel Saiz.

La intensa jornada culminó por la tarde con una nueva celebración eucarística en El Salvador a las 19:00 h., también presidida por el prelado hispalense, tras la cual se realizó la procesión de la Virgen por las calles del centro de Santa Cruz de La Palma, envuelta en un ambiente de fervor popular, flores y plegarias.

Con esta celebración, La Palma revivió el alma de su pueblo: una fe que no envejece, una cultura que se renueva, y un amor a la Virgen de las Nieves que sigue siendo, diez años después, más fuerte que nunca.


martes, 8 de julio de 2025

La espiritualidad del palmero durante la Bajada

No hay silencio en la Bajada. Ni recogimiento conventual. Y sin embargo, la presencia de Dios es intensa y palpable, como perfume que se derrama sin permiso entre los cuerpos, los cantos, las risas y las lágrimas.

El palmero no se retira a la soledad para orar: sale a la calle con el alma desnuda y la fe encendida. En medio del gentío, se abre paso la plegaria. En cada paso acompasado, se entreteje el recuerdo de los que no están. En cada gesto mínimo —una flor ofrecida, una mirada al cielo, una vela en la ermita—, la espiritualidad palmera se revela en su forma más genuina.

🕯️ Promesas que se hacen camino

Muchos acuden descalzos. Otros cargan sobre los hombros sus promesas.
Hay quien repite un rosario con los labios apenas movidos, y quien guarda silencio mientras sus ojos lloran.
Algunos caminan con estampas antiguas entre las manos, gastadas de tanto tocarse.
Otros no tienen palabras: solo un nombre en el corazón, o una intención que no se atreve a decirse.

Y todos son escuchados.

Porque en esta peregrinación, no importa tanto el decoro como la verdad del alma.
La Virgen, Madre de la isla, entiende el lenguaje de las rodillas, de los suspiros, de las heridas que no cicatrizan.

👣 Peregrinaciones interiores

Más allá del desfile y de las calles adornadas, la Bajada es también una geografía del alma.
El palmero que peregrina hacia El Santuario no solo atraviesa caminos de piedra, sino también pasajes internos: la gratitud, la pérdida, la esperanza, la fragilidad, la fe que se tambalea y se rehace.

Cada visita al camarín es distinta, pero todas tienen algo en común: un estremecimiento profundo, un “gracias” o un “ayúdame” que se dice sin voz, porque ya ha sido oído.

👪 Comunión sin templos

Durante la Bajada, las familias se reencuentran en lo esencial.
Se come juntos. Se reza como antes. Se recuerdan los consejos de los mayores. Se despierta en los niños una piedad antigua, sin imposición, solo con el testimonio.

Es la comunión eclesial hecha carne en mesas compartidas, en bancos de iglesia que se llenan sin convocatorias, en abrazos que no necesitan palabras.
Y en ese tejido de relaciones recuperadas, la Virgen vuelve a ser Madre no solo del Cristo, sino también del pueblo que se sabe suyo.

🔔 Dios en el bullicio

No todos lo comprenden. Algunos miran desde fuera y no entienden cómo puede haber espiritualidad en medio del gentío, la música y el calor.
Pero el palmero sabe que Dios no se esconde del ruido humano, sino que lo habita, lo transforma, lo santifica.

Porque la Virgen baja, no para ser contemplada en soledad, sino para abrazar a su pueblo donde está: en las plazas, en las casas, en el polvo del camino.
Y ese gesto lo cambia todo.

La Virgen entre nieves, seda y plata: lectura iconográfica de los actos menores

 

La Bajada de la Virgen de las Nieves es mucho más que una procesión solemne o un gesto ritual. Es un tapiz de símbolos. Y como en los viejos tejidos, lo visible no se sostiene sin lo menudo. Las grandes ceremonias no existen sin los actos que las preceden, flanquean o enmarcan. Ahí, en lo que muchos llaman “lo menor”, late una teología popular de una riqueza inesperada.

Las Pandorgas, los Mascarones, las Danzas Romeras, las Carrozas, los diálogos teatrales y hasta los estallidos de papel de colores no son añadidos folclóricos ni meros entretenimientos. Son el lenguaje secreto del pueblo, que sabe decir sin decir, representar sin explicar, conmover sin predicar.

Aquí va, pues, una pequeña hermenéutica de esos gestos mínimos que, sin embargo, tejen con hilos invisibles la gran trama de la Bajada.

🎭 Mascarones: el rostro del exceso que se rinde

A primera vista, podrían parecer bufones, muñecos desproporcionados, figuras grotescas. Pero los Mascarones son más antiguos y más sabios que muchas liturgias. Representan el exceso humano, el ego inflado, la deformidad del yo sin gracia. Y por eso bailan, se agitan, parodian… para luego rendirse.

Porque su función no es burlarse de lo sagrado, sino recordarnos que la risa también puede ser un camino hacia la verdad. Y que ante la Virgen no cabe máscara alguna que no acabe cayendo.

🎇 Pandorgas: luz que danza entre los niños

Las Pandorgas, con sus colores, sus bastones, sus papelillos, son como cometas amarradas a la tierra por la alegría infantil. Son el lenguaje de los pequeños, que no entienden aún la solemnidad, pero ya intuyen la belleza. No tienen discursos. No saben salmos. Pero bailan.

Y con eso basta. Porque en ellas la Bajada se vuelve promesa, semilla de devoción futura. Y el pueblo, en su sabiduría, las ha convertido en procesión paralela, en desfile del candor.

💃 Danzas Romeras: cuando el cuerpo reza sin saberlo

En los caminos, en las plazas, en las estaciones del alma que se abren al paso de la Virgen, se ejecutan las Danzas Romeras. No son coreografías vacías. Son coreografías habitadas.

Cada paso evoca una memoria. Cada giro remite a una promesa. Cada pareja que baila bajo los pañuelos alzados está diciendo, sin palabras, que la alegría también puede ser una forma de ofrenda.

No hay en ellas frivolidad. Hay devoción corporal, alegría litúrgica, una espiritualidad danzante que no cabe en los libros, pero sí en la piel.

🐴 Carrozas, ofrendas, personajes: la teología del pueblo escenificado

Los carros que se alistan con meses de antelación. Los personajes que encarnan figuras bíblicas, costumbristas o celestiales. Todo eso que muchos clasifican como "folclore" forma parte de una liturgia expandida, donde la calle es templo y el pueblo se convierte en actor, sacerdote y fiel a la vez.

Aquí cada objeto habla, cada traje es un símbolo, cada animal representa algo más que sí mismo. No es teatro: es catequesis escénica en clave palmera, en la que lo sagrado y lo profano se saludan sin conflicto, como en los antiguos autos sacramentales.

✨ Epílogo: teología en lo pequeño

Puede parecer osado decir que el confeti que estalla en las Pandorgas o los papelillos de colores lanzados por las calles son teología. Pero lo son. Porque hablan del alma que quiere multiplicarse en alegría, del gozo que no se contiene, de la fiesta como sacramento popular.

Si la liturgia es el “juego serio” de la Iglesia, los actos menores son su contrapunto poético. Y en esa poética humilde, el pueblo dice lo que el rito aún no alcanza a pronunciar.

La Reina de las Cumbres: iconografía de la Virgen de las Nieves de La Palma

 

Ella no habla. No se mueve. No gesticula. Y sin embargo, su sola presencia ha fundado una de las tradiciones más vivas y conmovedoras del Atlántico insular. La imagen de la Virgen de las Nieves, venerada en la isla de La Palma desde hace siglos, es mucho más que una escultura: es síntesis visual de una teología popular, una estética encarnada, una devoción tallada en madera y en alma.

Hoy descendemos, no por la Calzada de la Bajada, sino por las capas simbólicas de su iconografía sagrada, para descubrir lo que sus rasgos, su atuendo y su historia nos dicen… sin decirlo.

🎨 Un rostro que no busca el aplauso

La talla original de la Virgen es una escultura de candelero del siglo XV, de estilo gótico tardío, aunque profundamente reelaborada en siglos posteriores. Su fisonomía actual no responde al canon barroco que domina tantas imágenes marianas del ámbito hispánico.
No hay exageración de dulzura, ni afán de seducción, ni artificio.
Su rostro es sereno, ovalado, quieto, casi hierático.
Y precisamente por eso conmueve: porque transmite autoridad maternal sin dureza, realeza sin orgullo, ternura sin artificio.

Sus ojos, de párpado caído, no buscan impresionar. Buscan contener. Y en esa contención, habita una fuerza espiritual antigua, como si supiera lo que nadie dice.

👗 El vestido como catequesis

A lo largo de los siglos, la Virgen de las Nieves ha sido revestida con mantos de terciopelo, brocados, sedas bordadas en oro fino, donaciones reales y promesas anónimas. Cada manto cuenta una historia: la de quien lo ofreció, la de la comunidad que lo veneró, la de la isla que lo celebró.

Pero su vestidura no es puro ornamento. Es lenguaje. Es mensaje. Es símbolo.

Los colores varían según los ciclos litúrgicos o festivos. Los bordados no son capricho decorativo: contienen florones eucarísticos, estrellas de María, monogramas cristológicos, motivos naturales que aluden a su maternidad gloriosa.

Y en el centro de todo, el Niño. Siempre sobre su brazo derecho. Siempre como foco.
Porque ella no se exhibe a sí misma: ella presenta. Ella lleva. Ella entrega.

👑 Coronación: cuando el pueblo dice “sí” a la Madre

La imagen fue solemnemente coronada canónicamente en 1955, tras siglos de veneración creciente. Aquella coronación —que no es un gesto estético, sino un acto eclesial de reconocimiento litúrgico y teológico— declaró públicamente lo que ya el pueblo sabía desde hacía siglos:
Que María reinaba, no desde un trono, sino desde la fe del pueblo que la amaba.

La corona actual, rica en metales preciosos y engastada de piedras, no es símbolo de poder, sino de vínculo: la Virgen no impone su realeza, sino que la ejerce desde la cercanía.
Y en cada Bajada, cuando esa corona baja entre música y lágrimas, el cielo se inclina con ella.

🔎 Restauraciones: cuando el amor cura el tiempo

Como toda imagen antigua, la Virgen ha pasado por diversas restauraciones. Algunas fueron meramente conservadoras; otras —como la del siglo XX— modificaron elementos secundarios de su fisonomía o postura.
Sin embargo, la esencia devocional se ha mantenido intacta. Porque ninguna intervención sobre la madera ha sido tan fuerte como la que el corazón del pueblo palmero ha hecho sobre ella.

El paso del tiempo no la ha desgastado. La ha transfigurado.

🕊 Una teología en madera y perla

Todo en la Virgen de las Nieves habla sin palabras:

  • Su rostro sereno, de madre que guarda todo en su corazón.

  • Sus manos sostienen una rosa dorada, como símbolo de la belleza que Ella misma encarna.

  • Sus pies, invisibles bajo el manto, que recuerdan que María camina con su pueblo, no se eleva sobre él.

  • El Niño en su brazo, que no bendice con gesto triunfal, sino que mira como quien busca al que le espera.

No hay teatralidad. Hay presencia.
No hay espectáculo. Hay sustancia.
Es la Virgen de las cumbres que baja sin ruido y reina sin alarde.

📜 Epílogo: imagen que no envejece

En tiempos de imágenes efímeras y mensajes volátiles, la Virgen de las Nieves permanece.
No porque no cambie, sino porque su belleza está anclada en lo eterno.
Ella no responde a las modas del arte. Ella responde a las formas del alma.

Y cada vez que el pueblo la mira, la besa, la borda, la canta o la lleva en andas, está diciendo —sin palabras— que una imagen puede ser, también, una Eucaristía en madera: presencia, memoria y promesa.

La teología de la Bajada

 
 
Hay gestos que conmueven por su belleza. Otros, por su misterio. Pero hay gestos —pocos— que conmueven porque revelan el corazón mismo de Dios. La Bajada de la Virgen de las Nieves, en la isla de La Palma, pertenece a ese orden secreto donde lo popular se hace teológico y lo festivo se torna sacramento de lo invisible.

No es sólo una imagen que baja del monte. Es un signo que desvela la verdad profunda de la fe cristiana: Dios no se queda donde está. Dios desciende. Y lo hace por medio de María, figura materna, puente, monte florido, aurora que abre paso a la Encarnación.

La geografía como parábola

Desde el Santuario en la montaña —refugio de la Virgen durante el lustro— hasta el centro vital de la ciudad, la Bajada dibuja una parábola geográfica que encierra una parábola espiritual.
Es el cielo que se inclina. La altura que se entrega. La gloria que elige tocar tierra.

El gesto físico de bajar la imagen no es decorativo: es performativo. Hace visible lo que Dios hace en cada página del Evangelio: se abaja, se inclina, se pone en camino. “Ha mirado la humildad de su esclava…” (Lc 1,48). Desde esa mirada hacia abajo comienza toda historia de salvación.

Memoria de la Visitación

Cada Bajada es, en cierto modo, una recreación simbólica del misterio de la Visitación. María, al saber que su prima Isabel está encinta, “se puso en camino de prisa a la montaña” (Lc 1,39). La Virgen palmera hace lo mismo: desciende en busca del pueblo, de sus hijos, de aquellos que la esperan con júbilo y con sed.

La isla, entonces, se convierte en un nuevo Ain Karem. El pueblo, como Isabel, reconoce su llegada con alegría incontenible. Y la imagen, cargada sobre hombros, pasa casa por casa, calle por calle, como si el Magnificat se hiciera carne una vez más, cantado con pañuelos, con danzas, con lágrimas.

La humildad que baja primero

La teología cristiana no pone a Dios arriba como inaccesible, sino como Altísimo que se hace humilde. Y la Bajada recuerda que la santidad no es ascensión orgullosa, sino descenso amoroso.

María baja porque es la primera en aprender a abajarse. Su fiat no fue un sí hacia la altura, sino un sí hacia la entrega. Por eso es figura de la Iglesia: porque no se impone, sino que se inclina; no conquista, sino que visita; no domina, sino que acoge.

En cada palmero que prepara balcones, arregla altares o ensaya una danza, hay una respuesta a esa humildad que baja primero. La Virgen no viene a ser adorada: viene a estar con su pueblo, a compartir la vida concreta, las casas reales, el polvo de las calles. Por eso se la recibe como a una madre que regresa, no como a una reina lejana.

El tiempo que se dobla

La Bajada se repite cada cinco años, y sin embargo, no hay dos iguales. Porque no se trata de repetir un rito, sino de dejarse tocar de nuevo por su sentido. El tiempo litúrgico, que no es circular sino espiral, hace que cada Bajada hable distinto: a veces consuela, otras remueve, otras renueva.

Es como si Dios dijera: “no olvides que Yo bajo hasta ti, y que Mi Madre viene contigo en el camino.

Un dogma en movimiento

A través de esta fiesta única, La Palma ha sabido incorporar a su cultura un dogma viviente: que María no es una figura estática, sino una presencia dinámica, caminante, viva. La Bajada no es folclore, aunque florezca en lo popular; ni es solo devoción, aunque nazca de la fe.
Es una catequesis en movimiento, una mariología que se baila, se canta, se borda y se levanta en andas.

Cada cinco años, la Virgen baja. Y el pueblo se eleva.

La Bajada de la Virgen enamora

La Bajada de la Virgen de las Nieves es, ante todo, un pulso espiritual y cultural. Una fiesta-faro en el Atlántico donde lo sagrado, lo lúdico y lo patrimonial se entrelazan. Un ritual que nace de la fe, pero que ilumina también el horizonte del orgullo, la comunidad y la belleza compartida.

Motivos por los que enamora

  • Arquitectura colectiva: no es un espectáculo, es un rito viviente donde cada ciudadano tiene un papel.

  • Belleza barroca y teatralidad popular: se armonizan solemnidad litúrgica y carnavalesco folclore.

  • Memoria e identidad: es la fiesta más emblemática de La Palma, con raíces y resonancia en cada palmero.

  • Celebración activa: no solo se observa, se participa. Bautismos de fuego para muchos jóvenes que encarnan tradición vivo.

La Bajada de la Virgen de las Nieves: el acontecimiento más importante de la isla de La Palma

 
La Bajada de la Virgen de las Nieves es una fiesta lustral –es decir, que se repite cada cinco años– y constituye la principal celebración religiosa y cultural de la isla de La Palma. Desde el siglo XVII, su esencial ritual es trasladar la imagen de la Virgen desde su Santuario en el monte hasta Santa Cruz de La Palma, donde permanece durante varias semanas festivas.

Origen y evolución histórica

Nace como respuesta a crisis como sequías, plagas o erupciones volcánicas (1630–1632, 1646, 1676), cuando se pedía la mediación divina. En 1676, el obispo Bartolomé García Jiménez decidió formalizar este acto cada cinco años. Desde entonces, se celebran en julio, con una estructura fija: una «Semana Chica» y una «Semana Grande», finalizando el 5 de agosto con la subida de la imagen.

Rituales, danzas y gran tradición teatral

La Bajada se articula en torno a un extenso ritual popular:

  • Izada de la bandera: da inicio oficial, con ceremonia en el Ayuntamiento y traslado al Castillo de la Virgen.

  • Bajada del Trono o Romería: se transportan las piezas de plata para subir a la imagen.

  • Proclama, Pandorgas, Minué, Danzas Romeras: desde pasacalles tradicionales hasta novedades como las “Danzas Romeras”, incorporadas en 2025.

  • Danza de los Acróbatas: acrobáticos, de raíz circense, regalan un espectáculo visual .

  • Festival del Siglo XVIII (Minué): una evocación ritual barroca.

  • Protagonismo de los Mascarones: gigantes y cabezudos recorren la ciudad con humor.

  • Danza de los Enanos: acto señero en que, escondidos tras casetas, hombres corrigen su figura en un salto hacia lo diminuto al compás de una polca que se ha convertido en himno palmero.

Diálogo entre la tradición y la contemporaneidad

El Diálogo del Castillo y la Nave es un auto barroco que se interpreta desde el siglo XIX, uniendo el pasado marinero con la devoción. La Loa de recibimiento, compuesta en 1880, realza la entrada triunfal de la Virgen.

Reconocimiento y valor patrimonial

En 1980 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. En 2024, se declaró Bien de Interés Cultural inmaterialpor su riqueza ritual, teatral y comunitaria.

La edición de 2025: retorno y esperanza

Tras la interrupción por la pandemia, en 2025 se celebra nuevamente la LXVII edición. El Senado español apoyó su candidatura a Patrimonio de la UNESCO. La Semana Grande incluye 600 bailarines en la Proclama, la esperada Danza de los Enanos con participación femenina, conciertos y actos folklóricos. Es un momento de reencuentro tras la erupción y la pandemia, como bien apuntó el rector García: “un símbolo vivo de renovación y esperanza”.