Origen y evolución histórica
Nace como respuesta a crisis como sequías, plagas o erupciones volcánicas (1630–1632, 1646, 1676), cuando se pedía la mediación divina. En 1676, el obispo Bartolomé García Jiménez decidió formalizar este acto cada cinco años. Desde entonces, se celebran en julio, con una estructura fija: una «Semana Chica» y una «Semana Grande», finalizando el 5 de agosto con la subida de la imagen.
Rituales, danzas y gran tradición teatral
La Bajada se articula en torno a un extenso ritual popular:
Izada de la bandera: da inicio oficial, con ceremonia en el Ayuntamiento y traslado al Castillo de la Virgen.
Bajada del Trono o Romería: se transportan las piezas de plata para subir a la imagen.
Proclama, Pandorgas, Minué, Danzas Romeras: desde pasacalles tradicionales hasta novedades como las “Danzas Romeras”, incorporadas en 2025.
Danza de los Acróbatas: acrobáticos, de raíz circense, regalan un espectáculo visual .
Festival del Siglo XVIII (Minué): una evocación ritual barroca.
Protagonismo de los Mascarones: gigantes y cabezudos recorren la ciudad con humor.
Danza de los Enanos: acto señero en que, escondidos tras casetas, hombres corrigen su figura en un salto hacia lo diminuto al compás de una polca que se ha convertido en himno palmero.
Diálogo entre la tradición y la contemporaneidad
El Diálogo del Castillo y la Nave es un auto barroco que se interpreta desde el siglo XIX, uniendo el pasado marinero con la devoción. La Loa de recibimiento, compuesta en 1880, realza la entrada triunfal de la Virgen.
Reconocimiento y valor patrimonial
En 1980 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. En 2024, se declaró Bien de Interés Cultural inmaterialpor su riqueza ritual, teatral y comunitaria.
La edición de 2025: retorno y esperanza
Tras la interrupción por la pandemia, en 2025 se celebra nuevamente la LXVII edición. El Senado español apoyó su candidatura a Patrimonio de la UNESCO. La Semana Grande incluye 600 bailarines en la Proclama, la esperada Danza de los Enanos con participación femenina, conciertos y actos folklóricos. Es un momento de reencuentro tras la erupción y la pandemia, como bien apuntó el rector García: “un símbolo vivo de renovación y esperanza”.

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