martes, 8 de julio de 2025

San Miguel y el demonio en la Proclama de las Danzas: un símbolo de lucha y redención en La Bajada

 
En el vibrante corazón de La Bajada de la Virgen de Las Nieves, donde la fe y la tradición se entrelazan en un tapiz de historia y devoción popular, tuvo lugar un gesto de gran simbolismo: los trajes utilizados para representar a San Miguel y al demonio en la Proclama de las Danzas fueron donados a la ciudad de Santa Cruz de La Palma, enriqueciendo así el patrimonio simbólico de esta festividad centenaria.

Estos trajes, cargados de significado y belleza escénica, no son simples vestimentas. Formaron parte de dos obras emblemáticas: Imawaden y Las Tentaciones de don Antonio de Orbarán, piezas dramáticas en las que se recrean con fuerza escénica las eternas luchas del espíritu humano: el bien y el mal, la luz y las sombras, el combate entre lo celestial y lo tentadoramente mundano. La presencia de San Miguel, el arcángel guerrero, frente al demonio, es más que una alegoría: es un eco litúrgico que resuena en lo más profundo del alma palmera.

La Proclama de las Danzas acoge con teatralidad ritual esta confrontación entre el bien y el mal, convertida en danza, en música, en cuerpo en movimiento. San Miguel, con su espada alzada y su coraza luminosa, representa la fidelidad a Dios, el coraje que vence la tentación, la firmeza de quien se niega a inclinarse ante el caos. El demonio, con su teatralidad provocadora, encarna las muchas máscaras de la soberbia y la perdición. Ambos, en escena, no son personajes: son principios universales convertidos en cuerpo, en gesto, en mirada.

Los trajes que dieron vida a estos personajes fueron concebidos con una sensibilidad artística admirable. Su confección, colorido y fuerza simbólica ayudaron a elevar la representación al rango de arte sacro popular. No fue teatro, fue liturgia dramatizada. Por ello, su donación a la ciudad no es un simple traspaso de utilería escénica: es una entrega solemne de memoria viva, un acto de ofrenda que vincula el arte con la fe, el artefacto con el misterio.

Santa Cruz los acoge como se acoge una reliquia cultural

Estos trajes se integran ahora en el relato compartido de un pueblo que no solo representa, sino que vive la tradición. La Bajada de la Virgen no es una fiesta más: es el latido ritual de La Palma, un modo de reafirmar su identidad frente a la modernidad líquida. Y en ese latido, la figura de San Miguel —capitán de los ejércitos celestes— nos recuerda que la lucha por el bien no ha dejado de librarse nunca… también hoy, también aquí.

La entrega de estos trajes para formar parte del patrimonio de la ciudad simboliza una voluntad colectiva: preservar la memoria de lo sagrado y lo bello. Custodiar los símbolos. Proteger lo que nos constituye. Aplaudir no sólo el arte que se muestra, sino la fe que lo inspira.

Así, entre las danzas, las tentaciones y los signos del cielo, La Bajada sigue viva. Y con gestos como este, Santa Cruz de La Palma no solo conserva su historia: la dignifica.


La composición musical “Acuden en Tropel”, obra del maestro Juan Cavallé e interpretada por la Banda de Música de Breña Baja, se ha integrado de forma orgánica en el protocolo de bienvenida a la Virgen, adquiriendo así un carácter litúrgico dentro del ceremonial festivo. Esta pieza, nacida en el presente pero anclada en el alma colectiva, representa una expresión sonora de la devoción palmera que, sin romper con la tradición, la renueva desde dentro.

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