Las Pandorgas, los Mascarones, las Danzas Romeras, las Carrozas, los diálogos teatrales y hasta los estallidos de papel de colores no son añadidos folclóricos ni meros entretenimientos. Son el lenguaje secreto del pueblo, que sabe decir sin decir, representar sin explicar, conmover sin predicar.
Aquí va, pues, una pequeña hermenéutica de esos gestos mínimos que, sin embargo, tejen con hilos invisibles la gran trama de la Bajada.
🎭 Mascarones: el rostro del exceso que se rinde
A primera vista, podrían parecer bufones, muñecos desproporcionados, figuras grotescas. Pero los Mascarones son más antiguos y más sabios que muchas liturgias. Representan el exceso humano, el ego inflado, la deformidad del yo sin gracia. Y por eso bailan, se agitan, parodian… para luego rendirse.
Porque su función no es burlarse de lo sagrado, sino recordarnos que la risa también puede ser un camino hacia la verdad. Y que ante la Virgen no cabe máscara alguna que no acabe cayendo.
🎇 Pandorgas: luz que danza entre los niños
Las Pandorgas, con sus colores, sus bastones, sus papelillos, son como cometas amarradas a la tierra por la alegría infantil. Son el lenguaje de los pequeños, que no entienden aún la solemnidad, pero ya intuyen la belleza. No tienen discursos. No saben salmos. Pero bailan.
Y con eso basta. Porque en ellas la Bajada se vuelve promesa, semilla de devoción futura. Y el pueblo, en su sabiduría, las ha convertido en procesión paralela, en desfile del candor.
💃 Danzas Romeras: cuando el cuerpo reza sin saberlo
En los caminos, en las plazas, en las estaciones del alma que se abren al paso de la Virgen, se ejecutan las Danzas Romeras. No son coreografías vacías. Son coreografías habitadas.
Cada paso evoca una memoria. Cada giro remite a una promesa. Cada pareja que baila bajo los pañuelos alzados está diciendo, sin palabras, que la alegría también puede ser una forma de ofrenda.
No hay en ellas frivolidad. Hay devoción corporal, alegría litúrgica, una espiritualidad danzante que no cabe en los libros, pero sí en la piel.
🐴 Carrozas, ofrendas, personajes: la teología del pueblo escenificado
Los carros que se alistan con meses de antelación. Los personajes que encarnan figuras bíblicas, costumbristas o celestiales. Todo eso que muchos clasifican como "folclore" forma parte de una liturgia expandida, donde la calle es templo y el pueblo se convierte en actor, sacerdote y fiel a la vez.
Aquí cada objeto habla, cada traje es un símbolo, cada animal representa algo más que sí mismo. No es teatro: es catequesis escénica en clave palmera, en la que lo sagrado y lo profano se saludan sin conflicto, como en los antiguos autos sacramentales.
✨ Epílogo: teología en lo pequeño
Puede parecer osado decir que el confeti que estalla en las Pandorgas o los papelillos de colores lanzados por las calles son teología. Pero lo son. Porque hablan del alma que quiere multiplicarse en alegría, del gozo que no se contiene, de la fiesta como sacramento popular.
Si la liturgia es el “juego serio” de la Iglesia, los actos menores son su contrapunto poético. Y en esa poética humilde, el pueblo dice lo que el rito aún no alcanza a pronunciar.

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