"Himno de Candelaria" (versión folk)
Dice el Mencey de Guimar
que Señora extranjera
se ha aparecido a la orilla de la mar
que brilla más que los peñascos de tabona
cuando quiebra en mil colores el esplendor solar
Reconocen con asombro al llegar los castellanos
la vera efigie de la madre de nuestro Salvador
y rendidos se arrodillan los ruidosos infanzones
de cimeras y corazas coruscantes bajo el sol
Candelaria de las islas señora
ella fue quien primero llegó
conquistando nuestros corazones
anunciando un reinado se amor
El prodigio de tantos milagros
extendieron tu veneración
y portugueses, genoveses e indianos
e incluso el morisco a tus plantas se postró
Dice la leyenda misteriosas procesiones
sobre la arena negra en la brisa nocturnal
los angeles portaban hachones de cera
y flotabas como luna junto a la espuma del mar
Madre morenita de las afortunadas
Virgen que eres senda de toda excelsitud
devuelvenos el gozo de las horas coronadas
vividas bajo palio de pureza y de virtud.
Candelaria de las islas señora
ella fue quien primero llegó
conquistando nuestros corazones
anunciando un reinado se amor
El prodigio de tantos milagros
extendieron tu veneración
y portugueses , genoveses e indianos
e incluso el morisco a tus plantas se postró
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Este tema, de tono épico y devocional, canta a la Virgen de Candelaria, patrona general del Archipiélago Canario, evocando con lirismo su misteriosa aparición y el profundo arraigo que su figura ha tenido en la historia y el alma de las islas. La narración mezcla elementos legendarios, históricos y teológicos, envolviendo a la Morenita —como se la conoce cariñosamente— en un aura de maravilla y solemnidad.
En sus versos se alude a un hecho real: la aparición de una imagen mariana en la costa de Chimisay (actual Güímar, Tenerife), hacia 1392, mucho antes de la conquista castellana. Fueron los guanches, antiguos pobladores de la isla, quienes la encontraron y comenzaron a rendirle culto, sin conocer aún el cristianismo. Años después, los conquistadores reconocieron en aquella figura a la Virgen María, lo que fue interpretado como un signo providencial: María había llegado antes que ellos, anticipando la evangelización y conquistando, no por la espada, sino por el amor.
La devoción a la Virgen de Candelaria se extendió rápidamente por todo el archipiélago y más allá, como señala el poema al mencionar portugueses, genoveses e indianos. Su santuario en Candelaria se convirtió en centro de peregrinación, y su imagen —una talla gótica de rostro oscuro, desaparecida en 1826— es recordada como símbolo de unidad espiritual para todos los canarios.
El poema también recoge las tradiciones orales que rodean la figura de la Virgen: las procesiones de ángeles en la noche, las apariciones sobre el mar, y su irradiación milagrosa. Estas imágenes expresan lo que la historia no siempre puede registrar: el amor profundo y sencillo que los pueblos pueden llegar a sentir por quien consideran Madre y Reina.

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