martes, 8 de julio de 2025

Las mujeres en la Bajada

En cada Bajada de la Virgen de las Nieves, los focos apuntan al paso solemne de la imagen, a las danzas, a la música, al clamor del pueblo. Pero bajo esa superficie visible, hay un tejido silencioso sin el cual nada de esto sería posible.

Es el entramado de mujeres que, desde los bastidores de la historia, han sostenido con delicadeza y firmeza una de las tradiciones más bellas del Atlántico.

No son figurantes: son fundamento. Y su presencia, aunque a menudo omitida de los discursos oficiales, late con fuerza en cada pliegue del manto, en cada bordado, en cada ensayo y en cada lágrima que baja por las calles empedradas de Santa Cruz de La Palm

🧵 Bordadoras de lo sagrado

Detrás de los trajes que visten a la Virgen, a sus danzarines y a sus heraldos, hay agujas que han bordado letanías con hilo de oro.
Las mujeres bordadoras de La Palma —muchas veces sin nombre en los programas— han creado verdaderas catequesis visuales. Cada puntada suya es un acto de oración. Cada encaje, una meditación sobre el misterio.

Ellas no sólo visten la imagen: le dan carne simbólica, le ofrecen abrigo de amor y silencio.

👣 Danzarinas del alma popular

En las Danzas Romeras, en las comparsas, en las callejuelas donde suena el tajaraste, ellas danzan con los pies y con la memoria.
Muchas han sido niñas que aprendieron de sus madres, y hoy enseñan a otras a deslizar los pasos como quien enseña un modo de habitar la historia.
La mujer danzante no solo ejecuta coreografías: celebra una identidad, transmite una gracia antigua que aún sabe sonar.

📋 Las que lo hacen posible sin ser vistas

Sin ellas no habría horarios, ni listas, ni ensayos, ni meriendas comunitarias, ni mantillas en su sitio, ni logística que sostenga una tradición tan compleja.
Son las que saben quién falta, qué falta, cuándo falta. Son las que hacen llamadas, llevan bolsas, atan cintas, calman ánimos.
Su eficiencia es discreta, pero su impacto, descomunal.
Podría decirse que la Bajada ocurre gracias a quienes logran que “todo esté como debe estar”... sin que nadie note cómo ha ocurrido.

🎼 Compositoras del murmullo invisible

Aunque históricamente los créditos musicales han estado dominados por nombres masculinos, cada vez más mujeres componen, armonizan, dirigen coros o escriben letras para la Virgen.
Pero incluso antes de esa visibilidad creativa, ya componían silencios sagrados desde el cuidado, desde la intimidad, desde la preparación de lo que nadie ve.
Son ellas quienes, sin partitura, saben cuándo la emoción sube medio tono o cuándo la devoción cae en pianissimo.
Ellas afinan la atmósfera.

🔥 Las que transmiten el fuego sin palabras

La devoción a la Virgen no llega sola: se enseña, se cuenta, se canta, se susurra en la cocina o en la cuna.
Las mujeres han sido —y siguen siendo— las principales transmisoras de la fe popular en la Bajada.
Una abuela que habla de su promesa. Una madre que borda un pañuelo con lágrimas. Una catequista que explica por qué María baja.
Así se enciende el fuego que no muere, porque no se impone: se ofrece.

👑 Epílogo: la corona que no se ve

Cuando la Virgen baja, lleva una corona visible. Brilla, pesa, emociona.
Pero hay otra corona más honda: la que le han trenzado las mujeres palmeras con su constancia, su ternura, su entrega sin espectáculo.

No hay Bajada sin ellas.
Porque ellas la sueñan, la preparan, la cuidan, la danzan y la heredan.

Cada vez que la Virgen cruza las calles, no va sola.
Va sostenida por una legión de manos calladas,
por las que están y por las que estuvieron,
por las que hicieron del servicio un arte y del amor, una herencia.

La teología de la Bajada

 
 
Hay gestos que conmueven por su belleza. Otros, por su misterio. Pero hay gestos —pocos— que conmueven porque revelan el corazón mismo de Dios. La Bajada de la Virgen de las Nieves, en la isla de La Palma, pertenece a ese orden secreto donde lo popular se hace teológico y lo festivo se torna sacramento de lo invisible.

No es sólo una imagen que baja del monte. Es un signo que desvela la verdad profunda de la fe cristiana: Dios no se queda donde está. Dios desciende. Y lo hace por medio de María, figura materna, puente, monte florido, aurora que abre paso a la Encarnación.

La geografía como parábola

Desde el Santuario en la montaña —refugio de la Virgen durante el lustro— hasta el centro vital de la ciudad, la Bajada dibuja una parábola geográfica que encierra una parábola espiritual.
Es el cielo que se inclina. La altura que se entrega. La gloria que elige tocar tierra.

El gesto físico de bajar la imagen no es decorativo: es performativo. Hace visible lo que Dios hace en cada página del Evangelio: se abaja, se inclina, se pone en camino. “Ha mirado la humildad de su esclava…” (Lc 1,48). Desde esa mirada hacia abajo comienza toda historia de salvación.

Memoria de la Visitación

Cada Bajada es, en cierto modo, una recreación simbólica del misterio de la Visitación. María, al saber que su prima Isabel está encinta, “se puso en camino de prisa a la montaña” (Lc 1,39). La Virgen palmera hace lo mismo: desciende en busca del pueblo, de sus hijos, de aquellos que la esperan con júbilo y con sed.

La isla, entonces, se convierte en un nuevo Ain Karem. El pueblo, como Isabel, reconoce su llegada con alegría incontenible. Y la imagen, cargada sobre hombros, pasa casa por casa, calle por calle, como si el Magnificat se hiciera carne una vez más, cantado con pañuelos, con danzas, con lágrimas.

La humildad que baja primero

La teología cristiana no pone a Dios arriba como inaccesible, sino como Altísimo que se hace humilde. Y la Bajada recuerda que la santidad no es ascensión orgullosa, sino descenso amoroso.

María baja porque es la primera en aprender a abajarse. Su fiat no fue un sí hacia la altura, sino un sí hacia la entrega. Por eso es figura de la Iglesia: porque no se impone, sino que se inclina; no conquista, sino que visita; no domina, sino que acoge.

En cada palmero que prepara balcones, arregla altares o ensaya una danza, hay una respuesta a esa humildad que baja primero. La Virgen no viene a ser adorada: viene a estar con su pueblo, a compartir la vida concreta, las casas reales, el polvo de las calles. Por eso se la recibe como a una madre que regresa, no como a una reina lejana.

El tiempo que se dobla

La Bajada se repite cada cinco años, y sin embargo, no hay dos iguales. Porque no se trata de repetir un rito, sino de dejarse tocar de nuevo por su sentido. El tiempo litúrgico, que no es circular sino espiral, hace que cada Bajada hable distinto: a veces consuela, otras remueve, otras renueva.

Es como si Dios dijera: “no olvides que Yo bajo hasta ti, y que Mi Madre viene contigo en el camino.

Un dogma en movimiento

A través de esta fiesta única, La Palma ha sabido incorporar a su cultura un dogma viviente: que María no es una figura estática, sino una presencia dinámica, caminante, viva. La Bajada no es folclore, aunque florezca en lo popular; ni es solo devoción, aunque nazca de la fe.
Es una catequesis en movimiento, una mariología que se baila, se canta, se borda y se levanta en andas.

Cada cinco años, la Virgen baja. Y el pueblo se eleva.

Los Enanos de la Palma: tradición y misterio de una danza eterna

Hay tradiciones que se entienden. Y otras que se sienten. La Danza de los Enanos de La Palma pertenece a esta segunda estirpe: no se explica, se experimenta. Es un prodigio popular que nace del alma colectiva y se guarda —como se guarda una promesa o una canción de cuna— en los pliegues más íntimos de la identidad isleña.

Cada lustro, cuando la Virgen de las Nieves baja desde su santuario para visitar la ciudad de Santa Cruz de La Palma, los Enanos emergen del imaginario ritual con una fuerza que asombra y conmueve a quienes los contemplan por primera vez. No hay turista que no quede boquiabierto. No hay palmero que no se estremezca.

Un misterio barroco con nombre propio

El acto de los Enanos no es un desfile, ni una coreografía, ni un sainete. Es una metamorfosis danzante. Durante la madrugada, unos hombres ataviados como eruditos del Siglo de las Luces interpretan una Loa culta, intelectual, casi ceremoniosa. Pero al caer el telón, ocurre lo inverosímil: desaparecen un instante, y cuando reaparecen, lo hacen transformados en personajes grotescos, de cuerpos diminutos y cabezas enormes, bailando una polca frenética que desafía el juicio y la lógica.

Lo que asombra no es solo la velocidad del ritmo, sino el enigma de cómo se produce la transformación. El secreto —celosamente guardado— ha sido parte del encanto durante más de un siglo. La isla lo conoce, pero no lo divulga: es su pacto tácito con la maravilla.

Orígenes: entre la risa, la fe y el ingenio

Aunque su forma actual se fijó en el siglo XX, el origen de la Danza de los Enanos remonta su linaje a 1867, cuando se estrenó en el marco de las Fiestas Lustrales una pieza teatral llamada La Verdad. En ella, un grupo de sabios se transformaban en enanos para transmitir, a través del humor y la sátira, críticas sociales y reflexiones populares. Fue tal el éxito, que aquel efecto escénico se convirtió en una tradición por sí misma. A partir de ahí, la fórmula se consolidó: cada edición presenta un vestuario distinto, una loa inédita, y siempre la misma euforia cuando empieza a sonar la polca.

El número de enanos varía —doce, catorce, dieciocho, veinticuatro— y el diseño del disfraz se renueva con cada Bajada, convirtiéndose en una suerte de espejo simbólico del tiempo que atraviesa la isla. Los temas son tan diversos como los trajes: ha habido enanos faraones, astrónomos, campesinos, caballeros, obreros, abejas, guanches, monjes y hasta ángeles. Pero todos comparten el mismo espíritu: una sabiduría que se disfraza de inocencia, y una alegría que enmascara un mensaje.

El arte de lo inesperado

La Danza de los Enanos no puede disociarse de su atmósfera: la oscuridad de la noche palmera, el olor a mar mezclado con perfume de tradición, el murmullo del público en las gradas, la espera cargada de emoción. Y luego, el estallido: la música, el salto, la carcajada, la belleza.
Es un acto de comunión popular, una liturgia pagana y sagrada al mismo tiempo, en la que lo grotesco se vuelve sublime, y la máscara se convierte en revelación.

No en vano, la Danza de los Enanos ha sido declarada Bien de Interés Cultural, y es candidata a ser reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Lo merece, no solo por su antigüedad, sino por su capacidad para hacer del asombro una herencia viva.

Epílogo: una isla que baila en secreto

Quizá el secreto de los Enanos no sea tanto cómo se hacen, sino por qué seguimos necesitándolos. En un mundo que corre, que finge, que olvida, los Enanos nos recuerdan que la sorpresa aún es posible. Que la tradición, cuando está viva, no es repetición, sino renacimiento.

Y así, La Palma —noble, discreta, antigua— cada cinco años nos lanza su desafío: “Si quieres entendernos, ven y baila con nosotros… aunque sea desde la grada.”

La Bajada de la Virgen enamora

La Bajada de la Virgen de las Nieves es, ante todo, un pulso espiritual y cultural. Una fiesta-faro en el Atlántico donde lo sagrado, lo lúdico y lo patrimonial se entrelazan. Un ritual que nace de la fe, pero que ilumina también el horizonte del orgullo, la comunidad y la belleza compartida.

Motivos por los que enamora

  • Arquitectura colectiva: no es un espectáculo, es un rito viviente donde cada ciudadano tiene un papel.

  • Belleza barroca y teatralidad popular: se armonizan solemnidad litúrgica y carnavalesco folclore.

  • Memoria e identidad: es la fiesta más emblemática de La Palma, con raíces y resonancia en cada palmero.

  • Celebración activa: no solo se observa, se participa. Bautismos de fuego para muchos jóvenes que encarnan tradición vivo.

La Bajada de la Virgen de las Nieves: el acontecimiento más importante de la isla de La Palma

 
La Bajada de la Virgen de las Nieves es una fiesta lustral –es decir, que se repite cada cinco años– y constituye la principal celebración religiosa y cultural de la isla de La Palma. Desde el siglo XVII, su esencial ritual es trasladar la imagen de la Virgen desde su Santuario en el monte hasta Santa Cruz de La Palma, donde permanece durante varias semanas festivas.

Origen y evolución histórica

Nace como respuesta a crisis como sequías, plagas o erupciones volcánicas (1630–1632, 1646, 1676), cuando se pedía la mediación divina. En 1676, el obispo Bartolomé García Jiménez decidió formalizar este acto cada cinco años. Desde entonces, se celebran en julio, con una estructura fija: una «Semana Chica» y una «Semana Grande», finalizando el 5 de agosto con la subida de la imagen.

Rituales, danzas y gran tradición teatral

La Bajada se articula en torno a un extenso ritual popular:

  • Izada de la bandera: da inicio oficial, con ceremonia en el Ayuntamiento y traslado al Castillo de la Virgen.

  • Bajada del Trono o Romería: se transportan las piezas de plata para subir a la imagen.

  • Proclama, Pandorgas, Minué, Danzas Romeras: desde pasacalles tradicionales hasta novedades como las “Danzas Romeras”, incorporadas en 2025.

  • Danza de los Acróbatas: acrobáticos, de raíz circense, regalan un espectáculo visual .

  • Festival del Siglo XVIII (Minué): una evocación ritual barroca.

  • Protagonismo de los Mascarones: gigantes y cabezudos recorren la ciudad con humor.

  • Danza de los Enanos: acto señero en que, escondidos tras casetas, hombres corrigen su figura en un salto hacia lo diminuto al compás de una polca que se ha convertido en himno palmero.

Diálogo entre la tradición y la contemporaneidad

El Diálogo del Castillo y la Nave es un auto barroco que se interpreta desde el siglo XIX, uniendo el pasado marinero con la devoción. La Loa de recibimiento, compuesta en 1880, realza la entrada triunfal de la Virgen.

Reconocimiento y valor patrimonial

En 1980 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. En 2024, se declaró Bien de Interés Cultural inmaterialpor su riqueza ritual, teatral y comunitaria.

La edición de 2025: retorno y esperanza

Tras la interrupción por la pandemia, en 2025 se celebra nuevamente la LXVII edición. El Senado español apoyó su candidatura a Patrimonio de la UNESCO. La Semana Grande incluye 600 bailarines en la Proclama, la esperada Danza de los Enanos con participación femenina, conciertos y actos folklóricos. Es un momento de reencuentro tras la erupción y la pandemia, como bien apuntó el rector García: “un símbolo vivo de renovación y esperanza”.

San Miguel y el demonio en la Proclama de las Danzas: un símbolo de lucha y redención en La Bajada

 
En el vibrante corazón de La Bajada de la Virgen de Las Nieves, donde la fe y la tradición se entrelazan en un tapiz de historia y devoción popular, tuvo lugar un gesto de gran simbolismo: los trajes utilizados para representar a San Miguel y al demonio en la Proclama de las Danzas fueron donados a la ciudad de Santa Cruz de La Palma, enriqueciendo así el patrimonio simbólico de esta festividad centenaria.

Estos trajes, cargados de significado y belleza escénica, no son simples vestimentas. Formaron parte de dos obras emblemáticas: Imawaden y Las Tentaciones de don Antonio de Orbarán, piezas dramáticas en las que se recrean con fuerza escénica las eternas luchas del espíritu humano: el bien y el mal, la luz y las sombras, el combate entre lo celestial y lo tentadoramente mundano. La presencia de San Miguel, el arcángel guerrero, frente al demonio, es más que una alegoría: es un eco litúrgico que resuena en lo más profundo del alma palmera.

La Proclama de las Danzas acoge con teatralidad ritual esta confrontación entre el bien y el mal, convertida en danza, en música, en cuerpo en movimiento. San Miguel, con su espada alzada y su coraza luminosa, representa la fidelidad a Dios, el coraje que vence la tentación, la firmeza de quien se niega a inclinarse ante el caos. El demonio, con su teatralidad provocadora, encarna las muchas máscaras de la soberbia y la perdición. Ambos, en escena, no son personajes: son principios universales convertidos en cuerpo, en gesto, en mirada.

Los trajes que dieron vida a estos personajes fueron concebidos con una sensibilidad artística admirable. Su confección, colorido y fuerza simbólica ayudaron a elevar la representación al rango de arte sacro popular. No fue teatro, fue liturgia dramatizada. Por ello, su donación a la ciudad no es un simple traspaso de utilería escénica: es una entrega solemne de memoria viva, un acto de ofrenda que vincula el arte con la fe, el artefacto con el misterio.

Santa Cruz los acoge como se acoge una reliquia cultural

Estos trajes se integran ahora en el relato compartido de un pueblo que no solo representa, sino que vive la tradición. La Bajada de la Virgen no es una fiesta más: es el latido ritual de La Palma, un modo de reafirmar su identidad frente a la modernidad líquida. Y en ese latido, la figura de San Miguel —capitán de los ejércitos celestes— nos recuerda que la lucha por el bien no ha dejado de librarse nunca… también hoy, también aquí.

La entrega de estos trajes para formar parte del patrimonio de la ciudad simboliza una voluntad colectiva: preservar la memoria de lo sagrado y lo bello. Custodiar los símbolos. Proteger lo que nos constituye. Aplaudir no sólo el arte que se muestra, sino la fe que lo inspira.

Así, entre las danzas, las tentaciones y los signos del cielo, La Bajada sigue viva. Y con gestos como este, Santa Cruz de La Palma no solo conserva su historia: la dignifica.


La composición musical “Acuden en Tropel”, obra del maestro Juan Cavallé e interpretada por la Banda de Música de Breña Baja, se ha integrado de forma orgánica en el protocolo de bienvenida a la Virgen, adquiriendo así un carácter litúrgico dentro del ceremonial festivo. Esta pieza, nacida en el presente pero anclada en el alma colectiva, representa una expresión sonora de la devoción palmera que, sin romper con la tradición, la renueva desde dentro.

martes, 1 de julio de 2025

Juan Cavallé reinterpreta a Camille Saint-Saens

 

En una época de crisis personal, cuando el bullicio de París se volvía insoportable y el alma pedía refugio, el compositor Camille Saint-Saëns encontró en las Islas Canarias algo más que sol y clima benigno: halló silencio, inspiración y acogida. Así nació, entre otros frutos, una pieza delicada y singular: el Vals canariote, Op. 88.

Corría abril de 1890. Saint-Saëns, que había perdido a su madre poco tiempo atrás y acababa de estrenar su ópera Ascaniocon más tensión que éxito, viajó a Las Palmas de Gran Canaria bajo el seudónimo de Charles Sannois. Se hacía pasar por comisionista: no quería ser reconocido. Buscaba escapar, no ser compositor, no ser figura pública… solo ser hombre.

Pero el anonimato le duró poco. Una fotografía en la prensa local lo delató, y el secreto se deshizo como arena entre los dedos. Lejos de molestarse, Saint-Saëns abrazó con elegancia el entusiasmo de los isleños, y se integró con naturalidad en la vida cultural de la ciudad. Participó en conciertos benéficos, dio recitales, y, lo más importante: compuso.

El Vals canariote fue un gesto de afecto. Una dedicatoria musical a la joven pianista grancanaria Candelaria Navarro Cigala, a quien admiraba profundamente. La pieza, breve y luminosa, refleja algo del ambiente cálido y refinado que encontró en Las Palmas. No es un vals francés al uso, sino una pieza con acento insular, escrita con la gratitud de quien se siente en casa lejos de casa.

Pero no fue esta la única obra que Saint-Saëns escribió inspirado por Canarias. En sus sucesivas estancias, que se extendieron entre 1889 y 1909, dejó composiciones como Les Cloches de Las Palmas, y un puñado de recuerdos indelebles. De hecho, en el año 1900 fue nombrado Hijo Adoptivo de Las Palmas, y más adelante, presidente honorario de la Sociedad Filarmónica de la ciudad.

¿Qué buscaba Saint-Saëns en Canarias? Más allá del clima saludable para su cuerpo frágil, encontraba en las islas una suerte de retiro espiritual. Una pausa frente al vértigo de la vida moderna. En sus cartas, menciona el silencio, la claridad, la calma… virtudes escasas en el París de fin de siglo. Allí, en el Atlántico, el maestro no solo curó sus pulmones: también sanó su alma.

Así, el Vals canariote no es solo una pieza más de su catálogo. Es una memoria cifrada. Un agradecimiento danzado. Una melodía que recuerda que incluso los grandes genios necesitan, alguna vez, perderse… para volver a encontrarse.

Juan Cavallé reinterpreta esta historia con su "Vals canarión", que puedes escuchar en el siguiente link:

"Vals canarión" 

Cartel de "Las tentaciones de don Antonio de Orbarán"

 

Precioso cartel de "Las tentaciones de don Antonio de Orbarán" en el marco de la Fiesta de Arte de Tijarafe. San Miguel Arcángel es uno de sus protagonistas principales de esta representación que tanto éxito de público cosechó en su momento.

viernes, 13 de junio de 2025

Fiestas Lustrales de La Palma 2025

 

Las Fiestas Lustrales de 2025 traerán consigo un momento muy especial: el recuerdo vivo de Juan P. García Martín (1945–2013), un hombre que dedicó su vida a hacer de la música un puente entre el alma de La Palma y su gente. Maestro, director de coros, investigador apasionado de la historia musical insular y, sobre todo, compositor generoso, Juan dejó tras de sí un legado que sigue latiendo con fuerza. Su Misa Canaria, sus salves, himnos y obras escénicas forman parte de la memoria afectiva de muchas generaciones.

Este año, varias de sus piezas volverán a la calle y al corazón del pueblo. En las salidas de los gigantes y cabezudos se escucharán sus temas Los Mascarones y El Biscuit, y por primera vez —treinta años después de haberla compuesto— su entrañable obra Las Viejas a Caballotas sonará en directo durante la Proclama de las Danzas, gracias al cariño y al esfuerzo de muchas manos: Francisco Medina, que ha preparado los arreglos y partichelas, la charanga La Guataca bajo la batuta de Juan José Méndez, y la colaboración de la familia de Juan, junto a personas y colectivos que han querido rendirle este merecido homenaje.

Esta recuperación forma parte de un movimiento más amplio que, desde hace más de una década, viene trabajando por rescatar y dar visibilidad al talento de los creadores palmeros vinculados a la Bajada. Y no solo se recordará a los que ya partieron: también se celebrará la obra de compositores que hoy siguen sembrando belleza desde la isla. Entre ellos, Juan Manuel Cavallé, cuya música —como la de Juan García— brota de la tierra y del alma con la misma naturalidad con que nacen los cantos populares: para quedarse, para unir, para emocionar.

Porque en La Palma, cuando la Virgen baja, también baja la memoria, el arte y el corazón de todo un pueblo que sabe agradecer con música.

Mi camino entre acordes

 

Me llamo Juan Manuel Cavallé de Moya Cruz. Nací en Córdoba en 1965, pero es en La Palma donde he echado raíces profundas, y en el municipio de Tijarafe donde —desde hace ya muchos años— siento que verdaderamente pertenezco. La música me acompaña desde la adolescencia, cuando con apenas quince años empuñé por primera vez una guitarra y comprendí que aquello no era solo un instrumento, sino una extensión de lo que quería decirle al mundo.

Me formé con dos grandes maestros. Pedro Gómez Andrea, guitarrista de artistas como Luz Casal o Miguel Bosé, me enseñó el valor del oficio, la disciplina del escenario y el respeto por el sonido. Más tarde, con el argentino Luis Vechio, compositor y arreglista de honda sensibilidad, aprendí a ordenar las ideas, a darles estructura y sentido. Desde entonces, llevo ya cuatro décadas explorando los caminos de la música: desde el rock más visceral hasta la lírica más serena, desde el folklore canario hasta la escritura sinfónica.

Durante años toqué en bandas como Super Flum Babies, donde pude canalizar mi energía creativa juvenil y alimentar mi lenguaje musical. Aquella experiencia quedó impresa en mí y, con el tiempo, me llevó a crear California Nirvana, mi primera ópera rock: una obra que mezcla sonido, relato, memoria y psicodelia, y que se convirtió en una suerte de homenaje a aquellos años de descubrimiento.

Pero ha sido en el cruce entre música e identidad donde he encontrado el centro de mi vocación. Compuse Sacrum Palmensis, un corpus de cincuenta piezas para orquesta sinfónica y coro, inspirado en las tradiciones sagradas de La Palma. De ellas, trece se representaron en la Fiesta de Arte de la Bajada de la Virgen de Las Nieves en 2015, interpretadas por la Orquesta de Cámara y la Coral Polifónica Isla de La Palma, junto a artistas locales como el grupo Taburiente. También en aquella edición tuve el honor de componer la Loa de Despedida y la Cabalgata Anunciadora.

Para la próxima Bajada de 2025, la Virgen volverá a descender acompañada por mis nuevas composiciones: la Loa de Bienvenida, la Loa de Despedida y la Proclama de las Danzas. Es un compromiso que asumo con emoción y respeto, sabiendo que la música tiene la capacidad de acompañar lo sagrado y de darle forma al fervor de un pueblo.

Mi obra también ha querido dialogar con la vida popular canaria: compuse himnos dedicados a la lucha canaria o al Corpus Christi de Mazo, y con Circuito Estelar, gané el Sonoarte Contest Transvulcania Song en 2015, convirtiéndose en la canción oficial del Ultramaratón de La Palma. Me gusta pensar que la música puede ser épica, íntima o festiva… según lo pida el alma del momento.

Además de componer, me apasiona el escenario. Por eso he escrito, dirigido y escenografiado tres espectáculos musicales que celebran nuestras raíces y nuestra historia. Imawaden. El sueño de Benahoare (2018), Las tentaciones de don Antonio de Orbarán (2019) y El Sueño Atlántico (2021) se representaron en las Fiestas de Arte de Tijarafe y fueron, para mí, una forma de contar lo nuestro con emoción, belleza y autenticidad.

Hoy sigo creando desde la isla, fiel a una convicción: la música no solo suena, también revela, transforma y une. Y mientras haya una historia que merezca ser cantada, una emoción que quiera alzarse en acordes, allí estaré… guitarra en mano, al servicio del misterio sonoro que tantas veces me ha salvado.

miércoles, 4 de junio de 2025

Virgen de las Angustias

 "Duerme, mi niño"

Duerme mi niño ,
duerme mi bien,
como en mis entrañas
como en Belén.

No quiero ver que esta rota tu piel
que traspasaron tus manos y pies
Que el hierro cruel partió el corazón 
que el dulce amor derramó

Ay
 
Angustias arriba hay un vergel
paseemos Jesús como en Nazaret
Será Taburiente tu catedral
el oro del sol y la plata lunar

Ustedes que por el camino pasais 
díganme si hay dolor como el que contemplais
Ustedes que saben muy bien del amor
díganme si hay amor como Su amor

yo que a la cruz subiera por El
 a su sepulcro iré 

Angustias arriba hay un vergel
paseemos Jesús como en Nazaret
Será Taburiente tu catedral
el oro del sol y la plata lunar

Más súbita luz la tiniebla rasgó 
Oigo su voz es el ángel de Dios
Escucha mi bien suena un clamor,
como una alegra canción ,
que anuncia Tu resurrección 
Dice que el Rey el Señor
volverá vencedor de la muerte. 

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María no alzó la voz ni huyó del Gólgota. Estuvo allí, en pie, con el alma desgarrada y el corazón abierto, contemplando el tormento de su Hijo. Su dolor no fue rebelión, sino amor silencioso, ofrecido como altar.

No compartió los clavos, pero sí la herida. La espada anunciada por Simeón atravesó su interior con cada espina, con cada suspiro de Jesús. No buscó consuelo humano, sino que permaneció fiel, transformando el sufrimiento en oración callada.

En ese dolor, no vencido sino asumido, María nos fue dada como Madre. Desde su angustia brotó esperanza, desde su llanto, consuelo. Su dolor no fue inútil: fue camino de redención, fecundado por el amor.

Quien mira a María junto a la Cruz aprende que el sufrimiento, unido a Dios, puede redimir y sostener. Que hay una forma santa de dolerse: la que no maldice, sino confía. La que no exige, sino ama hasta el extremo.

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En el fondo del Barranco de las Angustias, allí donde la isla de La Palma se vuelve abrupta y majestuosa, se alza una pequeña iglesia que parece abrazada por la montaña. En su interior, la Virgen de las Angustias —una escultura de origen flamenco— recibe desde hace más de cinco siglos la veneración de un pueblo que ha depositado en Ella sus temores, sus súplicas y su gratitud.

🌿 Una talla llegada del norte de Europa

Se cree que la imagen llegó a La Palma a comienzos del siglo XVI, posiblemente gracias a comerciantes procedentes de Flandes, en un tiempo en que las rutas marítimas traían no solo mercancías, sino también arte sacro. La talla representa a la Virgen María en su dolor más íntimo: sosteniendo el cuerpo inerte de su Hijo. Su delicadeza y expresividad revelan la mano de un escultor formado en la sensibilidad gótica nórdica.

Algunas versiones apuntan incluso a que la imagen fue salvada de las persecuciones iconoclastas y llevada a la isla como refugio seguro. Aunque esta teoría no puede confirmarse con certeza, añade una nota de dramatismo y rescate providencial a su historia.

🏛️ De capilla privada a santuario del pueblo

La primera ermita fue erigida por los propietarios de la Hacienda de Tazacorte, entre ellos una influyente familia de origen centroeuropeo, los Gronenberg. Al principio fue oratorio privado, pero pronto el fervor popular impulsó su apertura al culto público. Con el paso de los siglos, el edificio fue reconstruido y ampliado, hasta alcanzar su configuración actual, de estilo sobrio y con un retablo barroco que enmarca la venerada imagen.

📿 Una devoción que atraviesa generaciones

Cada 15 de agosto, la imagen abandona su santuario para ser llevada en procesión hasta el Calvario, acompañada por una multitud de fieles. Ocho días después, se celebra la "octava", con una nueva procesión que rodea el templo y llena de cantos y promesas el corazón del barranco.

A lo largo de la historia, en tiempos de sequía, epidemias o calamidades, la Virgen ha sido invocada como intercesora, y no pocas veces ha sido trasladada en rogativas hasta el centro de Los Llanos de Aridane.

👑 Coronación de una madre silenciosa

El 14 de abril de 2013, la Virgen de las Angustias fue solemnemente coronada, reconociendo así su profundo arraigo en el alma palmera. La corona, elaborada en La Laguna, fue una ofrenda de amor anónimo. Desde entonces, la imagen luce ese símbolo no como un adorno, sino como un signo de cercanía maternal y realeza espiritual.

Quien se adentra en el barranco y cruza el umbral del santuario, siente que ha entrado en un espacio fuera del tiempo. Allí, la Virgen no habla, pero consuela. No promete, pero acompaña. No exige, pero espera. Y esa espera suya, serena y firme, es lo que ha sostenido durante siglos a quienes buscan sentido en medio de las angustias de la vida.